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Ignorada por lo que sé
La muerte me despoja del cuerpo.
En vida, L y su cuerpo son sinónimos;
en muerte, una cosa soy yo y otra mi cuerpo.
Dirán: “Éste es el cuerpo de L”,
como si el cuerpo, que una vez fui yo misma,
y no algo que me representaba o me pertenecía,
de repente careciera de importancia.
Cuando esto ocurra, ¿qué podré ofrecer?
la memoria de mi propia carne y con ella
la evocación de un alma arrastrándose a la nada.
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